La auscultación de los ruidos cardíacos es una parte fundamental del diagnóstico en la consulta médica, sin embargo, fue hasta el Siglo XIX cuando se empezó a utilizar a la auscultación de manera sistemática para estudiar los problemas de los pacientes, cuando se logró la invención del estetoscopio, el aparato que usamos para oír el corazón, lo cual es una anécdota incluso cómica. René Laennec fue consultado por una señora muy obesa y particularmente penosa, por lo que no podía auscultarla, así que enrolló unas hojas de papel y las puso contra su pecho. Para su sorpresa, los ruidos cardíacos eran muy evidentes y le permitió diagnosticarle un soplo mitral. Desde entonces, el estetoscopio se ha sofisticado con la tecnología, pero lo más importante, sigue siendo la capacidad del médico para auscultar y ordenar los fenómenos que oye en su paciente, como soplos o ruidos anormales para ofrecerle ayuda.
De manera natural, las personas fallecemos cuando nuestro corazón ha latido unos tres mil millones de veces. Comprobado. Sin embargo, no se preocupe por saber cuantas veces ha latido el suyo, ya que no hay modo de modificar esta cifra.
A diferencia de la mayoría de nuestros órganos internos, el corazón obtiene su energía a partir de los ácidos grasos libres y no de la glucosa disuelta en la sangre, lo que en apariencia contribuye a su mayor desgaste. Es uno de los principales órganos vitales, por lo que recibe gran cantidad de sangre a cada minuto, sólo superado por el cerebro, si bien debemos considerar que hay una gran diferencia de peso: el corazón pesa unos 350 gramos, en tanto que el cerebro pesa unos 1300, por lo que necesita más sangre. Claro que hablando de peso, el corazón de la ballena azul pesa unos 600 kilogramos y late sólo unas seis veces por minuto. Un curioso contraste, ya que siendo el animal más grande del mundo el corazón es muy lento, en tanto que el colibrí con unos 15 gramos de peso, tiene un corazón que late unas 1200 veces por minuto, algo que nuestro corazón no soportaría. Jamás he visto una persona con más de 240 latidos por minuto y las que he visto con una taquicardia tan extrema, han estado al borde de la muerte y les hemos practicado una cardioversión eléctrica de manera inmediata (los famosos choques eléctricos al corazón).
Realmente el corazón es una bomba muy eficiente, pues consideren que cada minuto bombea unos cinco litros de sangre, que es la totalidad que posee una persona adulta en promedio, además de que puede aumentar su eficiencia hasta en un 700%, de manera que podría llenar el tanque de unos 60 coches medianos en una hora, es decir, ¡un tanque por minuto! Por lo que es el órgano más eficiente, ya que ninguna parte de nuestro cuerpo sería capaz de hacer algo parecido.
Este nivel de eficiencia como bomba, depende de su alto consumo de ácidos grasos libres, además de los electrolitos que utiliza para contraerse y de su sistema eléctrico que también usa electrolitos como sodio, potasio y calcio. Requiere una alta perfusión de sangre, como les he mencionado antes, ya que todos estos productos son usados en cuestión de milisegundos y además, necesita abundante oxígeno, ya que de otro modo las células miocárdicas mueren en unos veinte minutos, una situación sólo superada por las células del cerebro, que mueren en unos 4 minutos cuando les falta oxígeno y los nutrientes mencionados. Además, no sólo es una bomba, es también una glándula, ya que produce hormonas que ayudan a controlar la presión arterial, los llamados péptidos natriuréticos que nos mantienen vivos, a pesar de que seguramente usted no había oído hablar de ellos.
Otro hecho curioso se relaciona con los nombres de las partes del corazón y del propio órgano. Los historiadores consideran que el origen de la palabra corazón viene del sánscrito, que pasó al germánico, inglés antiguo y al latín hace unos 2500 años como cor la misma palabra que se usaba para un ciervo, por lo que “corazón” es algo así como “el saltador, el que salta”. Las aurículas, que son la parte superior del órgano son cavidades con una forma extraña, que hizo pensar a los primeros anatomistas hace unos 800 años, que parecían “pequeñas orejas” que es precisamente lo que significa aurículas que es su nombre actual. En tanto que las partes del corazón que son la verdadera bomba, se ven hinchados al llenarse, como pequeñas pancitas, por lo que fueron llamados ventrículos, que quiere decir “vientres pequeñitos”.
El corazón tiene que ser muy eficiente, como de hecho lo es, porque tiene que bombear la sangre a través de los vasos sanguíneos, que son un circuito cerrado que está por todo el cuerpo y es sumamente extenso. Sorprendentemente, si colocamos en forma lineal todos los capilares, arterias y venas de una persona, alcanzarían los 96540 kilómetros, una cifra suficiente para darle la vuelta al mundo. Claro que no nos damos cuenta de esto porque los capilares son microscópicos, de un tamaño apenas suficiente para que las células de la sangre pasen, con su tamaño de 7.2 micras (recordar que una micra es la milésima parte de un milímetro).
Otro hecho curioso es la onda del pulso, que la sangre produce en los vasos sanguíneos al ser bombeada por el corazón. Hay pulsos venosos y arteriales, pero estos últimos son los más importantes para el diagnóstico, pues los médicos podemos decirle a una persona si tiene enferma la válvula aórtica, si padece cardiomiopatía hipertrófica, si tiene derrame en el pericardio o una arritmia con sólo tocarle el pulso.
Finalmente, les menciono que hasta hace unos 400 años, cuando William Harvey describió la circulación y definió al corazón como una bomba, se dejó de pensar en que en realidad era el centro de la inteligencia, como lo había postulado Aristóteles unos 350 años antes de Cristo.
Espero les hayan gustado estos hechos curiosos del corazón y los estimule a hacer comentarios y preguntas.
Mail: ricardo.jauregui03@gmail.com
Hasta luego.